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ORDENACIONES DE LAS PRIMERAS TRES PASTORAS LUTERANAS MEXICANAS

El pasado sábado 25 de abril, en una ceremonia realizada en la Iglesia Luterana del Buen Pastor en la Ciudad de México y presidida por el Rvdo. Daniel Trejo Coria, Presidente de la Iglesia Luterana Mexicana, tres mujeres fueron ordenadas al ministerio pastoral dentro de la Iglesia Luterana en México. Ellas son: María Elena Ortega Mora, que asumirá el cargo de pastora de la Iglesia Luterana La Santísima Trinidad en la Ciudad de México, la congregación en la cual ha estado colaborando durante los últimos 3 años; Sofía Deyanira Tenorio May, quien servirá como pastora en la Iglesia Luterana del Buen Pastor después de haber laborado allí como vicaria; y Angela del Consuelo Trejo Haager, que trabajará al lado de su esposo el Rvdo. Dr. Moisés Pérez Espino en la Iglesia Luterana Cristo, también ubicada en la Ciudad de México.

Las tres pastoras terminaron sus estudios el año pasado en el Seminario Luterano Augsburgo, el cual forma parte de la Comunidad Teológica de México, un consorcio de seminarios protestantes ubicado al sur de la capital mexicana. En 1998, el Seminario Luterano Augsburgo volvió a abrir sus puertas después de un periodo de 18 años en que había estado cerrado, y poco tiempo después se inscribieron las primeras mujeres estudiantes en el Seminario.

Junto con el Rvdo. Trejo Coria, ofició el culto de ordenación el Rvdo. Dr. José Ramón Alcántara Mejía, Pastor de la Iglesia Luterana del Buen Pastor. La predicación estuvo a cargo de la Rvda. Raquel Rodríguez, Directora de Programas en América Latina y el Caribe de la Misión Global de la Iglesia Evangélica Luterana en América (Estados Unidos). Participaron también en la imposición de manos otros pastores y pastoras de la Iglesia Luterana, la Iglesia Bautista, y la Iglesia Anglicana, así como una representante de la comunidad judía en México.
Aunque hubo una buena asistencia a la ceremonia de ordenación, ésta se vio considerablemente más reducida de lo que se había anticipado debido a las precauciones por la epidemia de influenza AH1N1. Con el fin de evitar los contagios de esta influenza, el gobierno mexicano había solicitado que no se realizaran eventos públicos como ceremonias religiosas en esos días. Sin embargo, debido a todos los preparativos que se habían hecho, se decidió seguir adelante con la ceremonia, tomando todas las precauciones posibles. Después de la ceremonia, hubo un convivio en la casa pastoral al lado del templo para festejar a las nuevas pastoras.

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